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Atalaya de los Pirineos y Crisol de la Tierra Firme. Soy la silueta eterna de la Seu Vella, la "Roca del Rey" que vigila el paso de los siglos sobre el cauce del Segre, y el asombro del románico del Vall de Boí, donde mis iglesias tocan el cielo con sus dedos de piedra. Soy el blanco de la nieve en las cumbres de Arán y el aroma dulce de mis frutales en flor, el verde infinito de mis prados y la fuerza del agua que nace en mis lagos para dar vida a toda una llanura.
 
Hoy te hablo desde la mística de los monasterios del Císter y la paz de mi Parque Nacional de Aigüestortes, porque bajo mi manto de granito y huerta late un corazón que ha sabido resistir todos los inviernos. No me mires solo como una frontera de paso o un paraíso de invierno; mírame como la despensa de un país y el puente entre la montaña y el llano, el hogar que hoy reclama que tú también sientas el orgullo de su raíz y la firmeza de su carácter.
 
Desde el esplendor medieval de Balaguer hasta el rincón más recóndito de la Alta Ribagorça, desde las murallas de Cervera hasta la soledad habitada de los pueblos del Pallars, ya hay quienes han decidido que nuestra historia no se detendrá. No caminamos solos; llevamos con nosotros la memoria de los antiguos pobladores de los Pirineos y de los campesinos que, con manos curtidas por el hielo y la tierra, domaron el agua para convertir el páramo en jardín. Ellos son ahora el murmullo de mis ríos y la luz que ilumina el Camino de Santiago a su paso por mis tierras.
 
Fui sede de una de las universidades más antiguas del mundo y llave de los reinos, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de libertad y calma. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Lleida necesita?